Saltar al vacío

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“…Cada hombre sobre la faz de la tierra tiene un tesoro que lo está esperando. Nosotros, los corazones, acostumbramos a hablar poco de esos tesoros porque los hombres ya no tienen interés en encontrarlos, sólo hablamos de ellos a los niños. Después dejamos que la vida encamine a cada uno hacia su destino, pero, desgraciadamente, pocos siguen el camino que les ha sido trazado, y que es el camino de la leyenda personal y la felicidad.

Consideran al mundo como algo amenazador y, justamente por eso, el mundo se convierte en algo amenazador. Entonces nosotros los corazones deseamos que nuestras palabras no sean oídas pues no queremos que los hombres sufran porque no siguieron sus corazones. (…)”

Bienvenidos a Cree-crea_Radio.

Hoy he querido comenzar el programa con este fragmento del libro de Paulo Coelho, “El alquimista” porque me ha hecho pensar en lo que puede significar saltar al vacío.

Me explico: al leer este fragmento me ha dado por pensar que a lo mejor cuando sentimos esa necesidad de soltar lo conocido para descubrir algo nuevo, en realidad es nuestro corazón llamándonos en la dirección de nuestra leyenda personal.

Cuando decidimos dejar todo lo que conocemos hasta el momento para empezar de cero, sentimos de pronto que el suelo bajo nuestros pies desaparece y no sabemos lo que va a pasar a continuación. La incertidumbre se adueña de nosotros y con ella el miedo a lo desconocido. Sin embargo, puede que lo desconocido ya sea conocido. Puede que estemos saltando hacia ese sueño que anhelamos hace años y que nunca nos atrevimos a alcanzar. O a lo mejor tratamos de alcanzarlo pero se nos resistía porque quizás aún no era el momento para llegar a él.

¿Qué pasaría si ese salto al vacío nos llevara al camino de nuestros sueños?

Nadie sabe lo que el futuro traerá, pero en el Alquimista también se menciona que tu futuro dependerá en gran medida de lo que hagas en tu presente. Quizás es salto al vacío te lleve de nuevo al camino de tus sueños, quizás no, quizás te lleve a un nuevo aprendizaje. Lo que sí es seguro es que saltar al vacío te abre a un mundo lleno de posibilidades.

Seguimos la semana que viene.

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El bambú japonés

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¿Sabes de esos momentos en los que te da la impresión de que no avanzas? Trabajas, te formas, te esfuerzas en hacer bien las cosas, pero esa vida que anhelas no acaba de llegar. A tu alrededor parece que todo el mundo avanza mientras tú continúas en el mismo sitio.

¿Qué ocurre? ¿Por qué parece que tus acciones no acaban de llevarte al lugar donde sueñas estar?

Es posible que ya conozcas la historia de la planta de bambú japonés. Cuando siembras una semilla de bambú japonés, ésta 7 años si mostrar un solo brote. Durante 7 años la planta se dedica a crecer bajo la tierra tejiendo una maraña de raíces que, al cabo de ese tiempo, le permitirá crecer en altura mostrando un bambú de 30 metros en el plazo de seis semanas. Aparentemente, en los siete primeros años de su vida no sucede nada, pero eso es lo que ven los ojos inexpertos. La planta se está preparando para mostrarse en todo su esplendor cuando llegue su momento.

Cuando creas que no avanzas a pesar de tus esfuerzos, piensa que quizás estás poniendo tus propios    cimientos para salir a la luz con fuerza y determinación cuando llegue el momento adecuado para ti. Confía en tus capacidades, ten fe en lo que haces y sigue trabajando. Ten paciencia y recuerda: un galgo corre más que un mastín, pero el mastín corre más que el galgo si el camino es largo. Tu camino puede ser una carrera de fondo, necesitas estar ahí día tras día, tejiendo tu propia maraña de raíces que te sostendrán cuando por fin llegue tu momento para mostrar al mundo aquello para lo que has venido.

Seguimos la semana que viene.

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Fábula «Matar a la vaca»

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Hoy os quiero contar un cuento filosófico que escuché el otro día. Es una fábula muy antigua que quizás ya conozcáis. Se llama “Matar a la vaca”:

Érase una vez un sabio que viajaba por el interior de su país acompañado de su joven discípulo. Una noche llegaron a una casa en medio del campo. Las condiciones de la casa eran miserables. Se veía vieja, medio derruida, húmeda y muy fría.

Al verlos llegar, el padre de familia salió a recibirlos y les ofreció hospedaje y comida. Mientras compartían la escasa comida de aquella pobre gente, el dueño de la casa les mostró su más preciado tesoro: una vaca cuya leche era alimento para toda la familia y que también les servía como moneda de cambio para conseguir algún que otro bien que necesitasen. La familia se sentía afortunada porque gracias a la vaca no morían de hambre.

A la mañana siguiente, muy temprano, los dos viajeros continuaron su camino mientras sus anfitriones aún dormían. Entonces, sin mediar palabra, el sabio tomó su cuchillo y sacrificó a la vaca.

El discípulo no se lo podía creer. Aquel hombre que consideraba sabio había acabado con la única fuente de ingresos que tenía aquella pobre familia. Le pidió explicaciones a su maestro, pero este se limitó a decirle que era necesario y que con el tiempo lo comprendería.

Pasaron unos años y el discípulo y su maestro regresaron a aquel paraje. Al llegar, encontraron un paisaje bien distinto. En lugar de aquella vivienda miserable y medio derruida que recordaban, encontraron una casa de ladrillo nueva, un par de graneros, parcelas sembradas y un paisaje de prosperidad. Los viajeros se acercaron a la casa para pedir alojamiento para la noche. Cuando se sentaron a la mesa para cenar, el discípulo reconoció a la familia que los había acogido años atrás. Ahora todos ellos vestían con ropa nueva y se les veía con muy buena salud. El chico miró a su alrededor y observó que la casa era muy acogedora, todo lo que les rodeaba se veía limpio y de calidad. Nada tenía que ver con la vieja casa que habían visitado años atrás. El joven, sorprendido de ver aquel cambio tan radical, les preguntó cuál era la fuente de tanta prosperidad. El granjero tomó la palabra.

<<No lo va a creer, pero mi familia y yo vivíamos en la más terrible miseria. Apenas lográbamos subsistir gracias a una vaca que era nuestra única posesión. Su leche era nuestro único alimento y lo poco que teníamos para utilizar en algún trueque. Un día, no sabemos por qué, alguien la mató. Creímos que era el fin del mundo, nos desesperamos al pensar que ya no tendríamos con qué alimentarnos.

Tuvimos que actuar rápido y decidimos aprovechar su carne. Al menos así comeríamos algunos días más. Sin embargo, como no podíamos consumir toda la carne ni conservarla sin que se echara a perder, decidimos canjear parte de la carne por algunas semillas y útiles de labranza. Pensamos que estaría bien sembrar algunas semillas en nuestra parcela así es que, poco a poco comenzamos a plantar diferentes vegetales y verduras. Aprendimos de agricultura y también jardinería y descubrimos que teníamos talento para hacer otras cosas.

La muerte de la vaca nos hizo reinventarnos. Al principio nos pareció una tragedia pero gracias a eso, hoy vivimos mucho mejor que cuando estaba nuestra amada vaca.>>

Algunas veces confundimos el subsistir con la abundancia. Pensamos que somos afortunados de estar en donde estamos y que no podemos aspirar a nada más. Nos autoconvencemos de que “nuestra vaca” nos da todo lo que necesitamos y nos quedamos estancados en una situación que no es favorable. Puede que una vocecilla interna nos diga que hay algo mejor más allá de la vaca, pero la desoímos porque no somos capaces de ver más allá. Para qué desarrollar nuevos talentos si con mi vaca ya voy tirando, ¿verdad?

Da miedo enfrentarse a la muerte de la vaca pero ya sabes que tras ella aparece un mundo lleno de posibilidades.

Seguimos la semana que viene

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