El verdadero potencial no siempre está a la vista

Aquel día, Julián llegó a casa muy apesadumbrado. Cuando su abuelo le preguntó qué le pasaba, el joven le contó que habían hecho un test en clase para saber qué era lo que mejor se le daba y así averiguar a qué podrían dedicarse en el futuro, pero él no había destacado en nada. Todos sus compañeros celebraban los diferentes resultados que habían obtenido y cuando le preguntaban, le compadecían por no saber lo que sería cuando fuera mayor. La profesora les había explicado antes del ejercicio que aquel test era sólo orientativo, pero al recibir los resultados Julián lo interpretó como que nunca llegaría a nada.

Su abuelo lo escuchó paciente y cuando el joven terminó, se fue a la estantería del salón de donde sacó un álbum de fotos.

  • ¿Recuerdas este lugar? – le preguntó señalándole una fotografía que se tomaron en el desierto de Atacama unos años antes.
  • Sí – dijo él y sin mucho interés añadió – un desierto en Chile.
  • ¿Qué dirías de un desierto?
  • Que no tiene nada más que arena y piedras. Recuerdo que pasamos mucho calor.

El abuelo dejó el álbum abierto encima de la mesa y se fue a por otro que comenzó a ojear buscando entre sus fotografías.

  • ¿Reconoces este lugar? – le preguntó señalando otra imagen.

El joven examinó la foto. Se veían las mismas montañas al fondo e incluso el mismo cartel que señalaba de qué lado se encontraban Argentina y Chile, sin embargo, sus abuelos sonreían posando en un lugar lleno de flores de colores brillantes.

  • ¿Se supone que es el mismo lugar?
  • Es el mismo lugar – le aseguró su abuelo.
  • ¿Así era antes el desierto de Atacama?
  • No, el desierto de Atacama sigue siendo así. Cuando las condiciones son propicias, el desierto florece y se llena de vida. Las semillas están ahí, aguardando la época de lluvias y cada tres o cuatro años, el desierto florece y se convierte en un hermoso jardín lleno de vida.

El joven parecía estar asimilando esta información cuando de pronto cayó en la cuenta.

  • ¿Y qué quieres decirme con esto?
  • Que no importa lo que haya dicho un test – dijo – tú ya tienes tus dones sembrados en ti y cuando sea el momento descubrirás qué es aquello a lo que te quieres dedicar. Por lo pronto, riega tu mente, haz aquello que te aporte felicidad real. Si te gusta el deporte, haz deporte, si te gusta la ciencia, investiga, si te gusta la literatura, lee. Combínalo todo si hace falta y llegado el momento tu vocación florecerá.
  • Todo es posible cuando hasta un desierto puede florecer, ¿no?
  • No es que pueda, es que florece.

El chico se quedó mirando las fotografías mientras se repetía en su mente lo que su abuelo acababa de decir: “no es que pueda, es que florece”.

El desierto de Atacama

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