Semana 21

Ha llegado mi última semana del reto de 21 semanas escribiendo en el blog y, aunque tenía pensado hablaros de otra cosa, he decidido contaros mi experiencia al completar este reto.

Como suele ocurrir cuando iniciamos algo nuevo, empecé con muchas ganas. Al principio tenía multitud de ideas para contaros y llegué a pensar que una sola publicación a la semana se me hacía poco. Sin embargo, cuando había publicado los primeros artículos que había escrito llena de entusiasmo me di cuenta de que necesitaba ideas nuevas y ahí tuve que ponerme a trabajar. La inspiración ya no era suficiente, debía buscar información nueva y para ello tenía que leer, ver nuevas películas, escuchar nuevas charlas,… Investigar al fin y al cabo. Entonces, el margen de 7 días se me hizo pequeño. Ha habido alguna semana en la que ha llegado el domingo y aún no sabía sobre qué quería escribir. Esas semanas pensaba en dejarlo estar, ya sabéis que se puede fallar, no pasa nada siempre y cuando luego analices los motivos e intentes subsanarlos. Esos días buscaba escudarme en eso, pero en realidad no quería que ocurriera, quería mantenerme firme en lo que había decidido. He de decir que también busqué la forma de que no me pasara. Por ejemplo, mi idea original era publicar los sábados y no siempre me era posible, por eso me di cierta flexibilidad y lo amplié al fin de semana. Si el sábado no tenía nada para publicar, aún tenía el domingo para darle una vuelta.

Para mí lo importante era que cada semana hubiera una publicación. Unas veces he trabajado al 100% y otras al 50% pero siempre he publicado algo. Es posible que estés familiarizado con la idea de “si lo vas a hacer mal, mejor no lo hagas”. Esta premisa hace que muchas grandes ideas y proyectos no salgan a la luz. Esperamos a que estén perfectos para lanzarlos y lo curioso es que siempre les va a faltar algo, ante nuestros ojos nunca estarán listos para que la gente los conozca.

Cuando te propones un reto, sea cual sea, no hace falta que todos los días salga perfecto. La clave de este ejercicio es crear un hábito y, por lo tanto, lo importante es que no pase el día, o la semana, sin hacer aquello que te hayas propuesto hacer. De este modo, aunque el paso que des sea minúsculo, siempre será hacia adelante. Y lo curioso es que, esos días en los que piensas que podrías dejarlo, cuando te pones, siempre te sale mejor de lo que esperabas.

Por último, aunque llegado el momento parece que se diluye la sensación, el completar el reto te hace sentir bien. Te hace darte cuenta de que puedes hacer aquello que te propongas y se podría decir que, de alguna manera, te fortalece.

Por lo tanto, si tienes en mente algo que quieres implementar en tu vida, te animo a plantearte un reto de este tipo. Y, por favor, sé benevolente contigo mism@. Date un margen de error y sé fiel a tu propósito.

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