«La forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar» – Mamerto Menapace

Hoy no pongo voz a lo publicado. Aun así, quiero aprovechar la oportunidad para compartir con vosotros esta reflexión del monje benedictino Mamerto Menapace. donde hace el balance del año, no sé si de 2018 que fue cuando lo recibí.

Puede que el texto se publicara hace tiempo y que ahora no estemos a final de año, pero considero que es una reflexión que se mantiene de actualidad. El 2020 ha puesto de manifiesto muchas de las cosas que Mamerto Menapace menciona en su balance y creo que conviene volver a leer este tipo de reflexiones de vez en cuando, independientemente de la fecha en la que estemos, para recordarnos lo que de verdad es importante en nuestra vida.

Su reflexión era la siguiente:

Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos.

Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje.

Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo.

“Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso. Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas: a aprender a amar, a dejar huella y a ser felices. En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:

  • Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos.
  • Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacerlo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.
  • El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores. Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. Querernos. Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro.

Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera que sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual. Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias. Si logramos trabajar en estos puntos y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos, sino con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca…

Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. Y que, en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.

Tal vez lo que sucede, es que, al compartir, lo que se dilata es el corazón.

Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro.

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Color esperanza (Diego Torres)

Si habéis visto la película “The Holiday” quizás recordéis esa parte en la que el guionista retirado le dice al personaje de Kate Winslet que está actuando como la amiga de la protagonista en lugar de ser la protagonista de su propia vida. Hoy me ha venido esta idea al escuchar la canción “Color Esperanza” de Diego Torres. Es una canción llena de mensajes y consejos, pero hoy me doy cuenta de su mensaje principal: actúa como el protagonista que eres de tu vida. He buscado la definición de protagonista en la RAE y lo define como personaje principal de la acción, ¿te sientes así?

Está en nuestra mano hacer que nuestra vida merezca la pena ser vivida. En la medida en que tomemos conciencia de ello y actuemos en consecuencia, nos daremos cuenta de que podemos cambiar las cosas, al menos aquellas que nos afectan directamente.

Algunas veces pensamos que esos cambios deben ser cambios “físicos” como cuando te vas de un sitio que no te gusta. Pero hay veces que uno debe permanecer donde está a pesar de sentirse incómodo y lo que puede cambiar es su percepción sobre eso que está viviendo. Hay una pregunta poderosa cuando nos encontramos con un obstáculo o circunstancia que no entendemos y es “esto, ¿qué tiene para mí?”. En la dificultad, siempre hay una enseñanza.

Por lo tanto, está en tu mano percibir la vida como un actor secundario al que le pasan cosas y reacciona, o como el protagonista de tu vida que actúa y hace que pasen cosas.

Hoy quiero destacar dos estrofas de la canción donde Diego Torres, quizás de forma no tan sutil, nos anima a ser protagonistas de nuestra vida:

Sé que las ventanas se pueden abrir
Cambiar el aire depende de ti
Te ayudará
Vale la pena una vez más
Saber que se puede
Querer que se pueda
Quitarse los miedos
Sacarlos afuera
A continuación os dejo una versión de este tema:

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Recordando lo que aprendemos al viajar

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Los viajes son alegorías de la vida. No importa que viajes cerca o lejos, siempre te enseñan algo. Puede que estemos en una época en la que los viajes sean muy escasos y casi nulos, pero hoy quiero recordar algunas de las enseñanzas de vida que viajeros como la familia Zapp o Javier Colorado aprendieron en su camino. Os recuerdo que la familia Zapp está recorriendo el mundo desde hace más de 20 años en un coche de 1920 y que Javier Colorado recorrió el mundo en bicicleta durante 3 años.

Las enseñanzas que les trajeron sus viajes se pueden aplicar al día a día de la vida:

La primera es que cuando se presenta un problema, siempre trae una bendición detrás. Un ejemplo es el que comentaba Herman Zapp sobre el coche y sus averías. Cada vez que se les ha averiado el coche, han llegado a conocer a gente maravillosa y a vivir experiencias que recuerdan con especial cariño. Nos contaban que han aprendido a levantar la vista del problema y a observar lo que la vida les ofrece a través de él.

La segunda enseñanza es que hay que dar la oportunidad a las cosas para que sucedan. Os preguntaréis: y eso, ¿cómo se hace? Pues, dejando de poner excusas. Cuando una oportunidad llame a tu puerta, déjale pasar y permítele mostrarte lo que tiene para ti. Si Candelaria Zapp no se hubiese animado a pintar las acuarelas y Herman a venderlas, es posible que su viaje hubiera acabado mucho antes de llegar a Alaska.

La tercera enseñanza nos la explicó Javier Colorado y es que no podemos estar preparándonos para la vida constantemente, la vida hay que vivirla. Muchas veces nos pasamos la vida preparándonos para alcanzar algo, pero sin atrevernos a ir a por ello realmente. Es como si constantemente estuviéramos estudiando para hacer un examen sin atrevernos a examinarnos por miedo a suspender. Javier Colorado nos contaba que cuando comenzó su viaje en bicicleta, no estaba muy preparado físicamente para realizarlo, pero sí lo suficiente para comenzar.

Son lecciones de vida.

Recuerda:

Cuando se presenta un problema, siempre trae una bendición detrás. Aprende a verlas.

Hay que darle la oportunidad a las cosas para que sucedan.

No podemos estar preparándonos para la vida constantemente, la vida hay que vivirla.

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