El cambio – Wayne Dier

Hoy os invito a reflexionar sobre lo que se comenta en un fragmento de la película “El cambio” con Wayne Dier. La película entera merece la pena verla porque es probable que, dependiendo del momento en el que te encuentres, resuenes con una cosa diferente. Yo en mi caso, hoy resalto esta escena y los siguientes mensajes:

  • Aquello que hagas, debes hacerlo por ti. Tú eres el que debe disfrutar con lo que hace. No te decepciones a ti mismo.
  • Hay veces que nuestros sueños se encuentran justo delante de nuestros ojos, esperando a que nos fijemos en ellos, y no los vemos hasta que decidimos hacerlo.

A veces, lo único que tienes que hacer es estar ahí, prestar atención, y la música sale sola. Tu música sale.

Espero que os guste.

El fragmento va desde el 01:33:00 al 01:38:41

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La brújula interior – Alex Rovira

Me he empezado a leer un nuevo libro: “La brújula interior” de Alex Rovira. Aún no lo he terminado, pero a cada capítulo que leo me doy cuenta de que sigue estando de actualidad. En él, el autor hace una serie de reflexiones sobre cómo vivimos la vida. Lo hace a modo de cartas breves dirigidas a un supuesto jefe al que pide ayuda para resolver una serie de dudas existenciales que, posiblemente, compartimos todos.

Creo que no me equivoco si digo que una gran mayoría de personas sueña con tener una vida mejor y muchas veces, esto está relacionado con el tiempo que pasamos trabajando “sin disfrutar de la vida”. Hay quien sueña con que le toque la lotería y no tener que trabajar nunca más, pero si encontramos el trabajo de nuestros sueños, ese que nos encanta realizar, ese que nos aporta la satisfacción de estar donde queremos estar y que consigue que se nos pasen las horas casi sin darnos cuenta, entonces quitaremos la connotación negativa de la palabra trabajo y empezaremos a disfrutar con lo que hacemos. La pregunta es, ¿por dónde empiezo?

La rutina apaga nuestra creatividad y con ella, olvidamos nuestras habilidades innatas. Es como si nos metiéramos en un engranaje que no se pudiera cuestionar y perdiéramos nuestra capacidad de plantearnos si quiera, si estamos yendo en la dirección que queremos. ¿Sabías que repetimos el 90% de las actividades que hacemos en cada jornada laboral? Esto hace que cada día sea igual al anterior y, por lo tanto, esto prolongado en el tiempo hace que dejemos de utilizar nuestros talentos y los guardemos en un baúl que acabamos olvidando que tenemos.

Para tomar las riendas de nuestra vida y decidir conscientemente hacia dónde nos queremos dirigir es necesario que apaguemos el ruido exterior que nos distrae y empezar a escuchar nuestra música interior.

En la carta número 10, Alex Rovira propone volver a reconocernos a nosotros mismos. Se trata de buscar e identificar nuestras fortalezas:

<<Para identificar nuestras fortalezas, lo primero que conviene tener en cuenta es que la mejor, más completa, profunda y veraz definición de uno mismo o una misma llega cuando no existen ni el miedo ni sus derivados, como la angustia en todas sus vertientes: de abandono (me dejarán, me despedirán, me quedaré solo), de impotencia (no valgo, no sé hacerlo, no lo lograré) o de identidad (no sé quién soy).>>

Para hacerlo, el autor recomienda primero escucharnos y reconocer en nosotros aquellas habilidades que sabemos que tenemos. A continuación, para completar la lista, aconseja preguntar a aquellas personas que nos aprecian, y tienen una actitud positiva ante la vida, acerca de lo positivo que ven en nosotros. Lo que recopilemos nos dará información sobre nuestras fortalezas en el presente.

Sin embargo, estas habilidades no son las únicas que tenemos. En nosotros también están las habilidades que hemos tenido en edades anteriores y que hemos relegado al baúl de los recuerdos. Si repasas edad por edad aquello que fuiste capaz de hacer en los años anteriores, te darás cuenta de que eres la suma de todas esas fortalezas.

Hay que darse cuenta de lo que puedes y no puedes hacer. Pero, no te engañes, hay cosas que puedes hacer que has creído que no podías y, al contrario. Sé honesto contigo mismo y date cuenta de todo tu potencial. Así, también podrás definir con mayor claridad cuáles son tus auténticos sueños y empezar a construir puentes hacia ellos.

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El verdadero potencial no siempre está a la vista

Aquel día, Julián llegó a casa muy apesadumbrado. Cuando su abuelo le preguntó qué le pasaba, el joven le contó que habían hecho un test en clase para saber qué era lo que mejor se le daba y así averiguar a qué podrían dedicarse en el futuro, pero él no había destacado en nada. Todos sus compañeros celebraban los diferentes resultados que habían obtenido y cuando le preguntaban, le compadecían por no saber lo que sería cuando fuera mayor. La profesora les había explicado antes del ejercicio que aquel test era sólo orientativo, pero al recibir los resultados Julián lo interpretó como que nunca llegaría a nada.

Su abuelo lo escuchó paciente y cuando el joven terminó, se fue a la estantería del salón de donde sacó un álbum de fotos.

  • ¿Recuerdas este lugar? – le preguntó señalándole una fotografía que se tomaron en el desierto de Atacama unos años antes.
  • Sí – dijo él y sin mucho interés añadió – un desierto en Chile.
  • ¿Qué dirías de un desierto?
  • Que no tiene nada más que arena y piedras. Recuerdo que pasamos mucho calor.

El abuelo dejó el álbum abierto encima de la mesa y se fue a por otro que comenzó a ojear buscando entre sus fotografías.

  • ¿Reconoces este lugar? – le preguntó señalando otra imagen.

El joven examinó la foto. Se veían las mismas montañas al fondo e incluso el mismo cartel que señalaba de qué lado se encontraban Argentina y Chile, sin embargo, sus abuelos sonreían posando en un lugar lleno de flores de colores brillantes.

  • ¿Se supone que es el mismo lugar?
  • Es el mismo lugar – le aseguró su abuelo.
  • ¿Así era antes el desierto de Atacama?
  • No, el desierto de Atacama sigue siendo así. Cuando las condiciones son propicias, el desierto florece y se llena de vida. Las semillas están ahí, aguardando la época de lluvias y cada tres o cuatro años, el desierto florece y se convierte en un hermoso jardín lleno de vida.

El joven parecía estar asimilando esta información cuando de pronto cayó en la cuenta.

  • ¿Y qué quieres decirme con esto?
  • Que no importa lo que haya dicho un test – dijo – tú ya tienes tus dones sembrados en ti y cuando sea el momento descubrirás qué es aquello a lo que te quieres dedicar. Por lo pronto, riega tu mente, haz aquello que te aporte felicidad real. Si te gusta el deporte, haz deporte, si te gusta la ciencia, investiga, si te gusta la literatura, lee. Combínalo todo si hace falta y llegado el momento tu vocación florecerá.
  • Todo es posible cuando hasta un desierto puede florecer, ¿no?
  • No es que pueda, es que florece.

El chico se quedó mirando las fotografías mientras se repetía en su mente lo que su abuelo acababa de decir: “no es que pueda, es que florece”.

El desierto de Atacama

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