La regla de las 10.000 horas

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Hace tiempo oí hablar de la regla de las 10000 horas. Esta regla establece que, para alcanzar la maestría en algo, es necesario dedicarle al menos diez mil horas. Teniendo en cuenta que un día tiene 24 horas y que no podemos dedicar todo el día a una sola tarea, si queremos alcanzar este nivel de maestría, debemos aceptar que nos llevará años llegar hasta él.

La primera vez que oí hablar de esta regla, me desanimé. Fuese lo que fuese aquello en lo que quisiera brillar, tendría que dedicarle muchas horas y esperar mucho tiempo hasta ver los resultados. Es posible que te haya pasado lo mismo. Cuando piensas en las diez mil horas y echas cuentas del tiempo que supondría, pierdes la perspectiva, te olvidas de los pequeños pasos que te llevan a otro lugar y lo mandas todo al traste porque sólo vemos la cima de una montaña que queda demasiado lejos de donde estamos ahora. Gracias a una de las grabaciones del curso de Ikigai que estoy realizando con Francesc Miralles y Héctor García, me he dado cuenta de que en realidad se trata de una escalera. Francesc y Héctor cuentan en el curso que hay diferentes niveles que se pueden alcanzar dependiendo del número de horas que le dediques a dicha tarea.

Subimos el primer escalón al dedicarle una hora. Si lo comparamos con el aprendizaje de un idioma, en una hora de clase puedes aprender expresiones básicas como gracias o por favor.

Si sientes curiosidad y decides apuntarte a un curso para llegar hasta las 10 horas, entonces habrás subido al segundo escalón donde aprenderás construcciones sencillas que te permitan a lo mejor pedir en un restaurante o comprar algo en una tienda.
Si a esas 10 horas de estudio le sumas 90 más hasta llegar a las 100, de pronto habrás subido al tercer escalón y habrás adquirido una base que te permitirá avanzar más rápido al siguiente nivel.

Si lo ves de esta manera, te das cuenta de que, dependiendo de aquello a lo que te quieras dedicar, es posible que ya hayas recorrido parte de esa escalera y quizás estés a medio camino de alcanzar las mil horas necesarias para llegar al nivel de excelencia que, si hablamos de un idioma, te permitirá tener una conversación fluida sobre cualquier tema. Si retomamos la metáfora de la montaña, a esta altura ya se puede disfrutar del paisaje. Aún queda camino por recorrer para llegar a la cima de las diez mil horas, pero con mil horas de dedicación a ese sueño o proyecto, uno ya ha ganado confianza y sabe que es cuestión de tiempo llegar a la maestría.

A los humanos nos gusta poner etiquetas, pero, si te das cuenta, importa poco saber en qué nivel te encuentras. Cuando amas aquello que haces y haces lo que amas, no estás calculando las horas que te faltan para llegar a la cima sino que disfrutas de cada momento que le estás dedicando a eso que te apasiona y eso es lo verdaderamente importante.

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