¿Hay días en los que te enfadas o te sientes triste por cosas que, en apariencia, no tienen importancia? ¿Y si esa parte de ti que a veces reacciona o se bloquea no estuviera “mal”, sino pidiendo atención? ¿Cuándo fue la última vez que te escuchaste sin juzgar lo que sentías? Es posible que tu niño interior esté pidiendo tu atención.

A una edad muy temprana aprendimos que había comportamientos que eran mejor corregir o esconder para poder encajar. Poco a poco, fuimos acotando ese comportamiento espontáneo y curioso para adaptarnos a lo que pedían de nosotros. No se trata de juzgar a los adultos que nos acompañaron durante esa época sino de, ahora que somos adultos, hacernos cargo de esas emociones que, en su día, no supimos sostener.
Qué es el niño interior
Cuando hablamos de niño interior, no nos referimos a algo literal, sino a esa parte de nosotros que se formó en la infancia y que sigue presente en nuestra vida adulta. Es la parte más emocional, sensible y vulnerable, donde se guardan muchas de las experiencias que marcaron nuestra forma de sentir y de relacionarnos.
Escuchar a tu niño interior no es mirar al pasado para quedarte en él, sino para dar espacio a esa parte de ti que quiere descubrir cosas nuevas, que expresa sus emociones sin miedo y experimenta la vida como un regalo lleno de oportunidades para explorar.
En este fragmento de entrevista, Marly Kuenerz, experta en inconsciente, explica de forma sencilla qué es el niño interior y qué papel tiene en nuestra vida adulta.
Cómo empezar a cuidar a tu niño interior
Cuidar a tu niño interior empieza por algo tan esencial como reconocer que esa parte de ti existe, no como una idea lejana, sino como algo que sigue influyendo en cómo sientes, en cómo reaccionas y en lo que necesitas. A partir de ahí, hay pequeños gestos que te pueden ayudar a marcar un antes y un después en tu relación con tu niño interior y, por lo tanto, contigo mismo.
#1 Tratarte con más amabilidad
¿Has observado alguna vez cómo cambia la expresión en la cara de un niño cuando se le riñe? La luz de su mirada se apaga, de pronto es como si un gran peso cayera sobre él. Cada vez que te recriminas algo, cada vez que te hablas mal, esa parte de ti se hace pequeñita. Se siente como te sentías cuando algún adulto te reñía o te echaba algo en cara siendo niño.
De pequeños aprendimos a comunicarnos de esa manera con nosotros mismos y podemos llegar a ser muy duros sin darnos cuenta. Cuidar a tu niño interior empieza por aprender a hablarte con más comprensión y menos juicio.
#2 Permitirte sentir
Nuestra parte adulta está acostumbrada a resolver, a actuar, a conseguir. Nos mueve un afán por alcanzar metas que no siempre están alineadas con nosotros, y se nos olvida que además de mente, también somos emoción. Sé que no todo lo que aparece dentro de nosotros es cómodo. Pero reprimirlo no lo hace desaparecer.
A veces se nos mueven cosas que vienen del pasado. Darte permiso para sentir —ya sea tristeza, enfado, miedo o incluso alegría— es una forma de abrir espacio a lo que antes quizá no pudo expresarse. Si en lugar de ser una emoción interna, pudieras ver a un niño expresando esa emoción, ¿cómo actuarías con él? A veces, escucharlo y abrazarlo es suficiente para que esa emoción se suavice. Haz lo mismo contigo.
Date el espacio que necesitas para volver a sentir y sostener tu emoción con ternura y amor.
#3 Mirar hacia tu historia con suavidad
Se suele hablar de que hay que sanar al niño herido, esa parte de ti que no comprendió algo en el pasado y que lo registró de forma que todavía hoy siente la necesidad de protegerse. Cuando miras hacia tu pasado para reconocer esas experiencias que aún te pesan, no se trata de quedarte en él, sino de entenderlo y hacerle saber a esa parte de ti que ahora ya eres adulto y tienes las herramientas para hacerte cargo.
Hay varias formas para hacerlo, desde ir a terapia hasta escribirle una carta, o simplemente observar qué situaciones actuales despiertan emociones más intensas en ti para identificar cuáles pueden ser los disparadores y empezar a tomar consciencia en tu proceso. A veces, ahí hay una conexión que merece ser escuchada.
Un juego para volver a escuchar y entender a tu niño interior
Puede que a tu parte adulta esto le parezca un juego sin mucho sentido, pero reconectar con tu niño interior no tiene por qué ser algo complejo. A los niños les gusta jugar y tienen una gran imaginación. ¿Por qué no recuperar la tuya y aprovecharla en tu beneficio? Es muy sencillo. Busca un lugar tranquilo donde nadie te moleste durante unos minutos. Si te ayuda, puedes cerrar los ojos. Ahora imagina que tu niño o tu niña interior está a tu lado. No hace falta que lo veas con claridad; basta con que sientas su presencia.
Obsérvalo sin juzgar. ¿Cómo está? ¿Cómo se siente? ¿Está tranquilo, triste, enfadado… o quizá necesita algo de ti?
Solo quédate ahí, acompañando, y deja que esa parte de ti se exprese. No juzgues lo que sale. Es posible que si nunca antes le has prestado atención, ahora actúe un poco distante o lo notes enfadado. Actúa como lo harías con cualquier niño pequeño que busca tu ayuda. A veces, este simple gesto ya abre una puerta.
Si te resulta difícil al principio, puedes apoyarte en una meditación del niño interior.
Este ejercicio te ayuda a evaluar cómo se siente esa parte más vulnerable de ti. A medida que vayas prestándole atención y atendiendo tus necesidades emocionales, aprenderás a escucharte y a darte lo que necesitas en cada momento. Con el tiempo, este “juego” dejará de ser un ejercicio puntual para convertirse en una forma distinta de relacionarte contigo mismo: más presente, más amable y más consciente.

Conclusión: Vuelve a escuchar a tu niño interior
A menudo, nuestra rutina diaria hace que nos olvidemos de nosotros mismos. La mente racional se encarga de organizar nuestro día marcando prioridades que, por lo general, se enfocan en resultados externos. Pero no todo está fuera de nosotros. En nuestro interior guardamos tesoros a los que apenas prestamos atención y que nos ayudarían a manejarnos mejor en el exterior. Escuchar la voz de tu intuición o prestar atención a tu niño interior, puede ser un ejercicio que cambie tu forma de estar en el mundo.
Atender a tu niño interior no significa volver al pasado ni quedarte en él. Es, más bien, una forma de empezar a relacionarte contigo mismo desde otro lugar. Y quizá se trate de eso: de estar más presente contigo, de aprender a atender —y no juzgar— las emociones que surgen en tu día a día. Porque escucharte también es una forma de cuidarte.
¿Qué te ha parecido este artículo sobre cómo conectar y atender a tu niño interior? ¿Conocías este juego? Si algo de lo que has leído ha resonado contigo, me encantará leerte en comentarios.

